Defendamos las lomas

Pallares Mochica en Paracas

Publicado: 2013-10-14

Perdidos en el Espacio era una serie que se transmitía hace muchos años por la TV. Trataba las aventuras de una familia de astronautas lanzada al espacio que pierde contacto con la Tierra, así perdidos vagan cayendo en mundos extraños. Cierta vez su nave “aterrizó” en un planeta gobernado por las plantas, que tenían la capacidad de tomar forma humana. Así secuestran a la hija adolescente Judy y un vegetal transformado toma su lugar en la familia. Uno de aquellos días de estadía de la falsa hija, la madre la conmina a cenar una ensalada de lechugas “tu favorita”. La Judy vegetal se horroriza del salvajismo de los humanos: comen seres vivos.

Entonces yo era niña, pero ese mensaje me impactó doblemente: enterarme que los vegetales son seres con vida y cuestionarme si sería posible sobrevivir sin comer seres vivos. Así descubrí la fotosíntesis, esa capacidad de los vegetales de transformar la energía luminosa en energía química, de convertir la materia inorgánica en orgánica gracias a la energía de la luz, de tal manera que nacen, crecen, se desarrollan y reproducen absorbiendo la energía pura de la luz. Nació así mi fantasía infantil de reproducir ese proceso, más tarde ya adulta continuó con imaginación controlada pero perseverante, a tal punto que mi ex marido de tanto en tanto me pregunta ¿ya eres fotosintética? Aún no lo soy, respondo, pero en estos años he averiguado que no estoy sola en esta pesquisa, tema que abordaré en otra ocasión, hoy quiero detenerme en mi primer “descubrimiento”.

Que las plantas son seres vivos no es una novedad, pero que se admita un paralelo con la especie humana si lo es en la cultura occidental contemporánea. Contrariamente, en la cultura peruana es un conocimiento antiguo, lo saben bien los maestros y maestras ayahuasqueras que en su período de iniciación se internan meses y años en el bosque amazónico para aprender el lenguaje de las plantas que allí residen, lo saben los agoreros andinos que dialogan con las hojas de coca, los curanderos que reciben la visión del cactus San Pedro, lo sé yo que escucho las predicciones de los pallares mochica. Lo sabemos todos quienes asumimos la paridad existencial con el reino vegetal y más bien, si hubiera que hablar de jerarquías se las daríamos a las plantas.

Nuestro saber milenario hoy se está descubriendo en Occidente. Nuevos campos de estudio como la Neurobiología Vegetal estudian la comunicación y el comportamiento de las plantas. El punto de partida es que las plantas son seres vivos e inteligentes que reflexionan, intercambian información y advertencias en particular cuando son amenazadas, toman decisiones, tienen memoria y autoconciencia. El cerebro de las plantas, señalan, está en el ápice de las raíces a la manera de un sistema neuronal, sin ser propiamente neuronas y al igual que otros cerebros por acción de sus “neurotransmisores” envían y reciben emociones, pensamientos, sensaciones del centro a las partes y viceversa. El prestigio y la seriedad de los centros de investigación universitarios y sus científicos están fuera de duda, aunque sus mentores aventuran hipótesis audaces lo hacen con la prudencia suficiente para permanecer en el ámbito de la ciencia.

Para quienes nos ubicamos más allá de la ciencia occidental, porque nuestros saberes la preceden y la sobrepasan, reconocemos los atributos de las plantas a la manera de ellas: Fui invitada a leer el oráculo de los Pallares Mochica en el Dakar Series 2013 en Paracas, en los días previos estuve conmovida por un nerviosismo fuera del habitual. Cuando inicié las consultas la percepción que me transmitían los pallares era diáfana y directa, sin rodeos apuntaba al centro de las dudas, conflictos y esperanzas de los consultantes. Yo misma me sorprendía hasta que sentí la alegría de mis pallares y entendí. Estábamos en su hábitat, en el territorio familiar de sus hermanos los pallares de Ica, en el espacio cultural en el que los antiguos paracas y nascas los consagraron y los trataron con alta dignidad reflejada en sus magníficos textiles, en la cerámica y en sus entierros. La pericia mágica demostrada en las tres horas de consultas por los pallares fue producto del bienestar de estar entre los suyos, en su ambiente y un homenaje de reciprocidad a la memoria de su estirpe. ¿Cabe duda de su capacidad para recibir y devolver información? Para mí ninguna. Más bien creo que a los hombres y mujeres contemporáneos nos falta descubrir las capacidades ocultas del sistema humano, para alcanzar una comunicación similar, paritaria y sostenible con la inteligencia del reino vegetal.


Escrito por

Maritza Villavicencio

Maritza Villavicencio Historiadora y Fitomántica. Recuperé el Oráculo de los Pallares Mochica. Ejerzo la adivinación. En mi blog reflexiono sobre las prácticas mágicas ancestrales del Perú.


Publicado en

Oranek

Maritza Villavicencio Historiadora y Fitomántica. Recuperé el Oráculo de los Pallares Mochica. Ejerzo la adivinación.