El Retorno de las Diosas del Perú Milenario
Unas tras otra están apareciendo las evidencias del protagonismo de las mujeres del Antiguo Perú en el ejercicio del Poder. En verdad, los restos materiales que testimonian esta originalidad del posicionamiento femenino en nuestras culturas ya estaban a la vista desde hace décadas, pero caía un velo de resistencia que ocultaba su tremenda dimensión. Me refiero por ejemplo a la Dama de los Quipus, a la Sacrificadora, a la Dama de la Máscara, a la Tumba de las Tejedoras halladas en un solo sitio arqueológico: La Huaca Pucllana, y que decir de la Dama de los Cabellos Largos de la Huaca Huallamarca, que se presume es la punta del iceberg de un cementerio de mujeres de elite, pues desde 1958 se han encontrado más de cien fardos funerarios. La Dama de los Batanes de la Huaca San Miguel, la Señorita de Puruchuco y cuantas más que han aparecido silenciosamente hasta hoy.
Digo hasta hoy, porque en el 2013 – si en este mítico y futurista tercer milenio de la fantasía y la ficción del siglo veinte-, ellas, las mujeres divinas, sus templos, sus fastuosos entierros, sus emblemas mágicos, han decidido salir a la luz profusamente para desvanecer tanta omisión. El mes pasado en el complejo arqueológico Castillo de Huarmey se dio a conocer el hallazgo Wari de carácter imperial donde se encontraron 63 fardos funerarios de mujeres nobles, y dicho por sus descubridores tres de ellas serían posiblemente reinas o gobernantas. Hace pocos días se difundió otro sorprendente hallazgo en el emblemático cementerio de San José de Moro, que durante mil años sirvió de reposo de sagradas mujeres pertenecientes a por lo menos tres culturas norteñas Moche, Lambayeque y Chimú. Esta vez se trata de la tumba de una sacerdotisa con características peculiares que según el director del proyecto, le atribuirían un altísimo rango.
Estamos pues, asistiendo al retorno de las diosas del Perú milenario, ya que con estas mágicas mujeres que emergen bajo tejidos primorosos, placas de cobre, ornamentos de oro, cetros de plata con manifestaciones estéticas de símbolos lunares, marinos, acuáticos, ornitomorfos, fitomorfos, nos están devolviendo a sus divinidades femeninas. Un sano politeísmo que glorificaba a la Naturaleza y a quienes tuvieron la virtud de dialogar con ella, de entenderla y de amarla.
Las diosas retornan para que retomemos su legado, su magia divina, su alquimia sagrada y la unamos con el diálogo vivo y palpitante con la Naturaleza preservado por las mujeres que portan la sabiduría milenaria, y para que aprendamos la profundidad de la simpleza amarrada en la naturaleza, como nos enseñan las palabras finales de la protagonista amazónica de la estupenda película peruana Sigo Siendo: “Los pájaros cantan por nostalgia, los pájaros cantan por alegría, hay quienes creen que cantan por cantar”.